Etica Desfachatada Para Pequeños Saltamontes

El texto que a continuación les comparto me lo dedico mi esposa Flor Rivas en un momento en el que realmente necesitaba aclarar el panorama y tomar decisiones con respecto a mi trabajo y algunos aspectos personales, me ayudo a entender la naturaleza de la jungla de concreto, me dio tips para determinar quien y que estaba a mi favor en ella y me enseño como ser mas que simple comidilla para las fieras que en esta habitan.

Espero que así como me ayudo a mi, le sea de utilidad a alguno de ustedes en el inicio de este nuevo año con nuevos proyectos o bien para retomar las riendas de los que ya tienen y empezar a tener una visión diferente de los mismos.

Muchas bendiciones para este 2011.

La fauna adversa debe saber que posees defensas y anticuerpos.

Toda organización humana, mi querido saltamontes, es cosa muy parecida a una selva. De lejos se ve muy atractiva, poblada de cánticos, flores, y cubierta de verdor. Mas cuando la cruzas descubres que también hay víboras, hienas, aves trepadoras, parásitos y otras faunas peligrosas. Es algo que no le enseñan a uno en la universidad, ese lugar de donde salimos deslumbrados por la exuberancia de ciertas organizaciones. Así que ahora que has dado el primer salto y te has adentrado en una de ellas, por si te sirve de algo, ahí te va este botiquín de primeros auxilios. Mi único título para hacerlo es haber construido varias y observado en el proceso cómo pasiones e intereses llevan a la naturaleza humana a mostrarse en toda su ejemplar bajeza.

Ante todo entra en la selva con discreción, dando saltos muy cortos y mirando a los cuatro vientos. Sé discípulo en principio y obedece sin chistar las leyes de los que moran en ella. Hazte el tonto con los tontos y modesto con los listos. La semejanza y la humildad atraen la simpatía; la disparidad y la jactancia, el rechazo. Actúa, en fin, como el camaleón y adáptate cuanto antes al color de los matorrales, los árboles y las piedras.

No pretendas cambiar nada mientras no tengas poder. No sé por qué razón uno es proclive a censurar y a hacer mudanza cuando llega a un lugar de estos. Pero en las organizaciones humanas, no importando que sean públicas, privadas, religiosas, militares, lucrativas o filantrópicas, el poder es la clave de todo. Y tú no tendrás casi ninguno. De hecho, el mayor error que podrías cometer es criticar los hábitos o el modo de hacer del león y sus cachorros. Tu jefe puede que no sepa, pero puede. Y ésta es la ley suprema de la selva.

En las organizaciones, como en todo, la gente suele ser como las setas: solo los expertos saben cuáles son las venenosas. Hazte un experto en setas. Lleva algún tiempo, pero es de los conocimientos más útiles que todo recién llegado puede adquirir. Una manera de detectarlas es sabiendo que rara vez la gente trae solo primeras intenciones. A veces viene con segundas. Y aún con terceras. Es uno de los artificios del mal. Y el bien, tu bien, mi querido saltamontes, consiste en ser cauto y receloso sin que el mal se dé cuenta de ello.

Y a propósito, no hagas el bien sin mirar a quién. Es malo ser demasiado bueno. O si quieres, es bueno ser de vez en cuando algo malo. La fauna adversa debe saber que posees defensas y anticuerpos, pues si hay una constante en la selva es la manía de impedir que el árbol joven se desarrolle. Tu bondad y tu generosidad han de ser en ti cualidades, no certezas. De lo contrario, serás pasto de los halcones.
Con frecuencia, el mal y la estupidez se visten con el mismo traje. Y los estúpidos, como es sabido, suelen hacer más daño que los malos. Trata de no confundirlos. El mal puede corregirse, en cambio la estupidez no tiene arreglo. Y recuerda siempre que en la selva, corres más peligro junto a un bobo que junto a un pillo.

No hagas compromisos a la ligera. Un sí apresurado y sin pensar te puede causar más problemas que dar un cheque sin fondos. Un déjame pensarlo ambiguo libera la presión del momento y a la postre, serás más admirado cuanto más astuta sea la respuesta. Con que a la primera presión, ya sabes: pase de pecho y olé.

Calla la mitad de lo que pensabas decir, aunque te queme en la lengua, y no des más información de la que creas necesaria. Las especies adversas suelen estimar más aquello que no conocen de ti que lo que ya saben. Sé un misterio para ellas. Las comadrejas se detendrán ante ti, temerán tu reacción, te tendrán respeto.

Cuídate de quienes te ofrecen favores sin pedirlos. No es que en la selva no haya fauna agradable y generosa, pero muchos buscan en la gratitud una forma de atrapar tu voluntad. Así es el mal. A veces se disfraza de favor que luego se paga a alto precio.

Sé entusiasta, pero no te pases. Un entusiasmo desmedido solo sirve para que echen sobre ti los trabajos que los demás no quieren hacer o colocarte en posiciones que nadie desea. No digo que seas perezoso, mi pequeño saltamontes, solo que no te pongas a dar saltos sin ton ni son. Muestra buena voluntad, pero mide tu energía, y no enseñes tus cualidades de corredor de fondo hasta que no tengas mando e influencia.

Una vez en esa rama, la primera de una larga subida, usa las especies adversas, las cucarachas, por ejemplo, los buitres, en tu favor. Te serán más útiles si las tienes de tu lado, las halagas y las premias, que si te pones en su contra. Son el mal, pero hazles creer que para ti son el bien. He leído muchos libros sobre organizaciones y he puesto en práctica muchos principios, pero en ninguno he leído el que para mí resultó el más importante de todos: la oposición, la fauna artera y dañina es siempre una fuerza a usar, no a combatir. Y esta es la habilidad que, a mi juicio, distingue al líder superior del mediocre.

Mas por ahora recuerda que solo eres un pequeño saltamontes y que cualquier bicho puede hacerte daño. Cuídate mucho. Como todos los que viven en la jungla al ras del suelo, serás humillado, pateado, estrujado, herido. Usa este botiquín siempre que puedas. Sus curitas y su alcohol te irán haciendo, si no más virtuoso, más sabio, hasta que llegue ese día en que, con tus cicatrices y tu experiencia a cuestas, puedas alcanzar las copas más elevadas de los árboles y ver la selva desde lo más alto.

Francisco Pérez de Anton
Escritor y periodista español radicado en Guatemala

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